Por una cuestión de comodidad, cada vez que emprendemos por primera vez una actividad en nuestros puestos de trabajo como parte del ejercicio de una profesión, arte u oficio, queremos (o al menos lo pensamos así), que encontraremos todo hecho y en el lugar perfecto; cuando eso no ocurre, damos muestras de disgusto o desagrado. Nos gusta exigir y nos disgusta tener que dar.

Esta situación la encontramos  a diario en casi todos los puestos de trabajo; aún en aquellos que representan altos cargos de responsabilidad. Pero todo; así como tiene su comienzo, también tiene su final, porque es parte de nuestra adaptación al nuevo entorno laboral. A las cosas inanimadas hay que darles vida, a través de nuestra iniciativa, entusiasmo, esfuerzo y dedicación.

Basta observar una oficina vacía, la cual nos asignan para desarrollar cualquier cargo relacionado con nuestra especialidad profesional. Al principio solo son muebles, equipos y/o cualquier otro implemento necesario para realizar un trabajo; pero poco a poco se va llenando con nuestro toque personal y va tomando su propia identidad, va tomando una personalidad propia, representada por nosotros mismos. Así como el hombre nunca debe perder su capacidad de asombro para aprender, para obtener conocimientos, tampoco debe perder el ánimo, el entusiasmo, la chispa de vida que debe irradiar calor a su alrededor. Es solo cuestión de actitud ante las diferentes situaciones que a diario vivimos como seres sociales que somos.

No importa cuánto nos critiquen por querer hacer las cosas bien; porque a fin de cuentas, quienes al principio critican, se convencen de que las cosas bien hechas nos llevan al logro del bien común. Cuando hacemos esto; en forma callada pero sin descanso, estamos dejando nuestra huella en cada sitio o puesto de trabajo donde nos desempeñemos en una tarea útil y productiva. Esa huella servirá como señal inequívoca del sendero que otros seguirán en el futuro para mejorar las metas por alcanzadas. Este trabajo callado, productivo y creador te lleva al afianzamiento de la identidad del ente u organización en la que te encuentres; y cuando lo logres sin decir nada, sin empujar u obligar a las personas que te rodean, harás que estas te sigan.

Cuando eso ocurra, sabrás que te estás convirtiendo en un buen líder con tu ejemplo, tu trabajo y tu entusiasmo; ese entusiasmo que irradias sin esfuerzo alguno porque te sientes y eres parte de un gran equipo de trabajo, eres parte de un importante engranaje que con el esfuerzo de todos logra la excelencia y el bien común. Para algunas personas, estas son solo palabras quizás sin sentido; pero para otras, representa una importante guía, un camino, una luz que les indica que van por buen rumbo, dando pasos seguros hacia un futuro que promete, hacia su desarrollo. No debemos temer a la equivocación, al error y la crítica; ya que ellos nos fortalecen para afrontar los retos y nos convierten en seres excepcionales, sin salir de lo común.

La humildad, la tolerancia, el entendimiento, la comprensión de nuestros semejantes, son muestras de avance, de crecimiento  que debemos  tomar en cuenta a cada momento de nuestras vidas. Vivamos intensamente  cada uno de nuestros momentos de emprendimiento, tal como lo hicieron, lo hacen y lo harán los grandes virtuosos de la historia ya escrita, y la que falta por escribir. Te invito a reprogramar tus ideas, tus planes y algunos de tus proyectos para que te desplaces confiado y convencido de que todo es posible a la hora de alcanzar el éxito en el camino de la vida; éxitos que tal vez otros cosechen. Conviértete en un constructor de sueños y de realidades futuras. Dale la bienvenida a otros; igual que yo, al gran equipo de triunfadores donde obtendremos, trabajando en equipo, el triunfo seguro.

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