Quiero comenzar éste comentario, citando el ideario de Don Simón Rodríguez, a través de la siguiente frase: “Enseñen y tendrán quién sepa; eduquen y tendrán quien haga”. Por supuesto, esta cita no se hizo al azar; por el contrario, tiene una intención: la de crear una profunda reflexión en quienes tengan acceso al mismo.

Don Simón Rodríguez  fue un gran naturalista; prueba de ello está representada en los escritos que ilustran las aulas de clase utilizadas con muchos de sus alumnos; y en especial, con el niño Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios (El Libertador): aulas sin techos ni paredes, al aire libre, en contacto directo con la naturaleza.  He allí cómo pongo al descubierto mi verdadera intención a través de éste comentario que he querido compartir con ustedes en ésta oportunidad: me refiero a la educación ambiental.

Para ello es necesario tomar en cuenta lo que conocemos coloquialmente como medio ambiente; y me refiero al calificativo coloquial, porque es lo primero que escuchamos desde la escuela primaria, al referirnos a todo lo que nos rodea.

La vida está en constante evolución; y ésta evolución, ha sido detectada, estudiada y catalogada a través de los tiempos, por los investigadores. Así también evoluciona el conocimiento, y cada día que pasa, surgen nuevas ideas, nuevas propuestas y nuevas conclusiones. Definimos hoy un fenómeno de una forma, y mañana surge otra definición distinta, que permite conocer e interpretar dicho fenómeno desde otra perspectiva distinta. Todo, todo, evoluciona.

Y hablando de evolución, quiero referirme al término “medio ambiente”, que ha evolucionado según muchos tratadistas expertos, a “entorno natural”. Más sin embargo, sigue siendo utilizado en muchos textos jurídicos y otros de lectura, simplemente como “ambiente”.

Dicho esto, entramos a relacionar la cita hecha al principio del presente comentario, con las palabras “enseñanza” y “educación”; uniendo parte de dicha cita, con la palabra ambiente, obtendremos lo que se conoce como educación ambiental.

La Constitución nacional venezolana; en su artículo 107, expresa la obligatoriedad de la educación ambiental, en todos los niveles. Por otra parte, la Ley Orgánica del ambiente, promulgada en 2006, en su artículo tercero, define a la educación ambiental como un” proceso continuo, interactivo e integrador  mediante el cual el ser humano adquiere conocimientos y experiencias, los comprende y analiza, los internaliza y los traduce en comportamientos, valores y actitudes que los preparen para participar protagónicamente en la gestión  del ambiente y el desarrollo sustentable”.

Esta definición, sustraída de uno de los tantos instrumentos jurídicos pro-ambientalistas elaborados para uno de los países más ricos en recursos naturales a nivel  del globo terráqueo, hace la unión inseparable de dos elementos importantes como lo son: el ser humano, y el ambiente.

Hablemos primeramente del ser humano: según el Dr. José  Méndez Lugo, catedrático del Instituto de Altos Estudios de Seguridad de la Nación, ubicado en Caracas, Venezuela, el hombre; para referirse al ser humano,  es: “una única entidad, exclusiva e irrepetible en este Universo. Por ello se hace dueño de una serie de cualidades que lo constituyen, lo distinguen y lo destacan del resto de los seres vivos”

Méndez, habla de algunos rasgos distintivos del hombre como lo son: que es histórico, porque existe realmente; es gregario, porque vive en comunidad; es natural, porque forma parte de la naturaleza; por esa razón es predecible, lógico y razonable; está lleno de posibilidades, ya que cuenta con medios, bienes o riqueza para hacer algo; y es realista, porque vive ajustado a una realidad.

Con relación a la realidad en la que vive el hombre, la divide en varias categorías: biótica, abiótica, antrópica, biológica, física, química, espiritual, económica, política y religiosa.

Todas estas realidades se encuentran dentro del ambiente natural; al que define como: “aquél que está compuesto por elementos bióticos, abióticos y antrópicos, que se descomponen en factores físicos, químicos, biológicos, sociales y espirituales, que como reacción propia de vida, se integran e interrelacionan, para favorecer la existencia del hombre en cuanto a organismo societal  y racional terrestre”.

Las experiencias tienen una especial connotación en la gestión del ambiente; de allí que considero que a las realidades en las que actualmente vive el ser humano, debemos incluir una nueva categoría: la realidad tecnológica, de la que se desprende la realidad virtual, y donde también está inmersa la inteligencia artificial; la cual, lejos de facilitar el contacto directo con la naturaleza, en ocasiones crea y comparte imágenes, visiones y experiencias ajenas sin que el individuo salga de su zona de confort, dentro de espacios confinados, y lo alejan de dicho contacto. Por éste medio logra enseñarlo acerca del entorno natural, pero que no lo educa, ya que la educación ambiental tiene carácter  holístico, es natural, y está muy relacionada con las experiencias, y requiere que el individuo estudie la naturaleza como un todo; desde la sensación de la lluvia caer sobre su cara, hasta los síntomas de un catarro causado por dicha lluvia, claro está, a manera de ejemplo.

Espero que el presente comentario les sirva de base para una sana reflexión, y que sea de gran utilidad.

Recuerden que: siempre hay algo que enseñar y algo que aprender; siempre hay  quien quiera aprender,  y  quien quiera enseñar.

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