Recientemente, visité la casa de un amigo y compañero de trabajo, para hablar con él acerca de asuntos relacionados con una actividad diferente, un nuevo proyecto, que quería realizar.

Al ser recibido por éste (mi amigo), iniciamos una entretenida y amena conversación acerca de asuntos de actualidad; luego de ésta conversación, y de haber degustado un delicioso café, iniciamos un corto, pero interesante recorrido por su área de trabajo, la cual dividió en varias secciones, porque se dedica a varias actividades, todas afines.

Me llamó poderosamente la atención, la forma tan organizada de distribuir el tiempo, y de cumplir con todas estas actividades que son de su total y absoluto agrado, las cuales comparte animosamente con su señora esposa.

Mientras recorríamos por estos espacios de trabajo, pensaba y reflexionaba lo importante que es el hecho de hacer lo que uno quiere, lo que en realidad te llama la atención, lo que te gusta, lo que haces y no te cansa ni te aburre… lo que te apasiona.

Un personaje sencillo, que concluyó sus estudios universitarios a la edad adulta, que ya venía amasando una importante carga de experiencia, y que un buen día decidió completar lo que una vez había iniciado: sus estudios universitarios.

¿Es que acaso esto nos enseña algo provechoso para nuestras vidas?… Por supuesto que si, aunque para muchos sea solo una de tantas situaciones de la vida de los individuos que habitamos éste deteriorado planeta tierra, la vida de un hombre común, que encierra no uno, sino una serie de tesoros que por lo general no conocemos, que menospreciamos, porque aprendemos, en el desarrollo de nuestras profesiones, a tratar a las personas en forma superficial, por miedo a involucrarnos muchas veces en asuntos que no son de nuestra incumbencia.

Mientras escribo estas líneas, medito sobre la grandeza de Dios, creador de todas las cosas. El medio que Él utiliza para hacernos entender que todos somos capaces de concluir los asuntos que algún día iniciamos. Pero a la vez nos dice Dios: “no envidies a quien está haciendo lo que quiere, lo que le gusta, lo que le apasiona: haz tú también lo que quieras hacer, para eso te doy libertad”.

En mi caso particular, me asombro al ver tantas cosas que el hombre puede lograr, con la gracia de Dios. Un ejemplo de ello, es el mensaje que nos llega a través de una película llamada “Red Social”, donde el personaje nos hace ver lo que es capaz de hacer cualquier individuo; por supuesto, con la ayuda de otros, cuando se lo propone. Solo se necesita tener el empeño, la dedicación y la firme decisión de hacer las cosas.

Pero volviendo al caso de nuestro amigo y compañero; recientemente visitado, no dejo mi capacidad de asombro, con cada expresión genuina acerca de su trabajo, ese trabajo útil para la ilustración de muchos de sus semejantes, entre los cuales me incluyo, en primera fila.

Cuando hice mención de la edad adulta, para finalizar los estudios de éste personaje cuya identidad prefiero mantener en secreto por respeto a él como persona, a su trabajo, y para no convertirme en publicista sin paga, lo hice con la sana intención de incentivar a muchas personas adultas que creen que el estudio es solo para los jóvenes, y que un “adulto”, o un “adulto mayor”; con libros bajo el brazo, en una universidad, “desentona” con el ambiente.

Hoy por hoy, me he demostrado a mi mismo, que uno de los mayores placeres de la vida, es el estudio a edad adulta, porque en él se conjugan la experiencia y el deseo de aprender, y se crea una sana competencia con los más jóvenes, donde nos convertimos en el “patrón a seguir” por parte de ellos, y el ejemplo vivo de lo que ellos podrán lograr en el futuro, y lo que deben superar.

Nunca es tarde para concluir lo que un día iniciamos; por eso, los invito a no dejar en el olvido, los asuntos inconclusos.

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