Cada día que pasa, luego de finalizar las horas de clase con mis alumnos, quedo más convencido de que nuestro conocimiento sobre el mundo y todas las cosas que en él se encuentran, es precario e incipiente.

 

Qué importante resulta poder leer acerca de la vida y obra de grandes científicos, sabios y filósofos…

Entender qué es el hombre; qué elementos lo conforman, es sumamente complicado cuando no sabemos ni queremos dar el sentido verdadero a las palabras.

Cuando leemos una frase, un párrafo de un texto, o una palabra, por lo general le damos el sentido que nosotros creemos que es el correcto; pero si a ver vamos, una palabra, dependiendo de su ubicación en una frase, tiene un sentido específico, de allí que es importante rescatar el ejercicio de la escritura a manuscrito, porque gracias a él, podemos de manera organizada incluir, ubicar, reubicar, modificar, cambiar o desechar una que otra palabra que cambie el sentido del mensaje que intentamos transmitir.

Cuando disfrutamos de las bondades que la tecnología pone a nuestro alcance; en el caso de la escritura en el procesador de palabras de nuestra computadora, casi nunca tomamos en cuenta que una vez que modificamos; si no estamos bien concentrados en lo que hacemos, perdemos el hilo o el sentido de lo que habíamos escrito; caso contrario ocurre, cuando tenemos a mano nuestro manuscrito, y dominamos plenamente el contenido del texto.

Lo anterior no quiere decir que no podamos saber qué habíamos escrito, y cuál es el sentido de lo que estamos tratando de expresar; pero hay un pequeño detalle que debemos tomar en cuenta: para poder hacerlo, debemos guardar previamente el documento, copiar o repetir el párrafo, o simplemente imprimir cuantas veces sea necesario modificar, para no perder el hilo.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *